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sábado, abril 29, 2006

Túnez, beslama!


jueves, abril 20, 2006

Bolchevique


Ya se lo que piensas. A mi eso no me importa. Yo me lo paso bien contigo.

domingo, abril 09, 2006

Bolchevique




















El mundo se derrumba, y nosotros nos enamoramos...

viernes, abril 07, 2006

Serotonina

En el cerebro existe una sustancia o neurotransmisor antidepresivo denominado serotonina. Sus niveles elevados, confieren una sensación de placer y bienestar y disminuyen el deseo de comer harinas o dulces. En tanto que sus niveles disminuidos ocasionan angustia, tristeza y un deseo mayor de comer dulces o harinas.
Al comer un pan, un dulcecito o un chocolate, se produce una rápida elevación de los niveles de la serotonina cerebral. Por este mecanismo, la tristeza que producen los niveles bajos de serotonina se tornan en alegría después de comer un dulcecito o un chocolate por la elevación de serotonina que estos alimentos inducen en el cerebro.
La producción de serotonina se encuentra bajo el control de la luz solar. Es elaborada por una glándula que está dentro del cerebro, denominada glándula pineal o "tercer ojo", la cual se activa al anochecer y va disminuyendo su producción durante la claridad.
Al amanecer entonces la serotonina se encuentra muy elevada y por esta razón al despertar estamos tranquilos y no nos apetece un plato de espaguetis ni un dulce ni tampoco un helado; pero a lo largo del día la serotonina desciende y a las cuatro de la tarde suele presentar un descenso brusco. A partir de este momento, la persona puede sentir más angustia, tristeza y nerviosismo, a la par que si en este momento se le presenta una galletita, un pan o unas papitas, los bajos niveles de serotonina incrementan su atracción hacia estos alimentos. Por esto y aún sin tener hambre, la persona se lleva la galletita o el pan a la boca.
La elevación de la serotonina que se produce después de comer el dulce confiere placer y alegría. Sin embargo una vez que la serotonina está elevada, la persona no entiende "por qué se la comió", pero ya es tarde, y solo queda la culpa. Al despertar al día siguiente, la serotonina otra vez se encuentra elevada, entonces la persona se imagina, que en la tarde no va a sentir deseos de comer un pan o un dulce. Pero, una cosa es lo que piensa en la mañana cuando la serotonina se encuentra elevada, y otra cuando en las horas vespertinas la serotonina desciende, y así el deseo de comer panes o dulces se hace irrefrenable.

domingo, abril 02, 2006

Bolchevique















El mundo gira en un sentido absurdo mientras yo te espero

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