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sábado, enero 29, 2011

Para toda la vida

Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo
completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin
una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo:
-Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada.
Fermina Daza se estremeció, porque reconoció la antigua voz iluminada por la
gracia del Espíritu Santo, y miró al capitán: él era el destino. Pero el capitán no la vio,
porque estaba anonadado por el tremendo poder de inspiración de Florentino Ariza.
-¿Lo dice en serio? -le preguntó.
-Desde que nací -dijo Florentino Ariza-, no he dicho una sola cosa que no sea en
serio.
El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de
una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor
impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no
tiene límites.
-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -le
preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años,
siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida --dijo.

Fuente: El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

sábado, enero 22, 2011

Porque hay cosas que nunca se olvidan





viernes, enero 14, 2011

La naturaleza de la mente

Un día, cuando caminaban por una región montañosa, Gauthama Budha ya mayor, bajo el sol de medio día le dijo a su discípulo Ananda:

_ Estoy sediento Ananda, cuando atravesamos las montañas, pasamos un arroyo, ¿puedes retroceder el camino y traerme un poco de agua?

Ananda retrocediendo el camino, llegó al arroyo, pero cuando llegó allí, se dio cuenta de que unas carretas acababan de atravesarlo, embarrándolo todo. Las hojas muertas que antes yacían en el fondo, ahora flotaban sobre el agua, ya no era bebible, y por supuesto no podía llevársela a Budha , así que decidió regresar junto a él. Además, sabía que unas millas más allá del sitio donde habían parado, corría un gran río de agua cristalina.

Pero Budha que era muy estricto le dijo:

-Vuelve al arroyo otra vez, porque recuerdo que cuando pasamos esa agua era pura y cristalina.

Ananda, protestó:

- Entiéndelo, entre que llegamos aquí, pasaron unas carretas por el riachuelo y el agua ya no es bebible!!

Lo sé – dijo Budha- pero ve y siéntate en la orilla el tiempo que lleve. Ve y siéntate!. No te metas en la corriente, porque si te metes en ella, la ensuciarás de nuevo, simplemente espera, observa y no hagas nada….esas hojas muertas desaparecerán, el barro se asentará, entonces llena mi cuenco y regresa.

Ananda fue al riachuelo de nuevo porque no podía desobedecer a Budha y allí se sentó esperando. Y esperando, vio que las hojas muertas y el barro se iban asentando despacito, dejando el agua clara y pura, tal cual es su naturaleza, llenó su cuenco y de regreso, entendió lo que Budha trataba de decirle:

“Ananda no te metas en el río, no sigas la corriente de tu mente, espera en la orilla, y simplemente abserva: La naturaleza verdadera de tu mente es esa claridad cristalina, ensuciada por pensamientos y emociones pasajeros."


Fuente: Redes -La ciencia de la compasión-


domingo, enero 09, 2011

Sólo por amor

Camino por mi camino.Mi camino es una ruta con un solo carril, el mío.
A mi izquierda un muro eterno, separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado, del otro lado del muro.
De vez en cuando en este muro hay un agujero, una ventana, una hendidura… y puedo mirar hacia el camino de mi vecino o vecina.
Un día mientras camino, creo ver, del otro lado del muro, una figura que pasa a mi ritmo, en mi misma dirección.
Miro esa figura: es una mujer, es hermosa.
Ella también me ve. Me mira.
La vuelvo a mirar.
Le sonrío… y me sonríe.
Un momento después ella sigue andando su camino y yo apuro la marcha porque espero ansiosamente la próxima oportunidad de cruzarme con esa mujer.
En la próxima ventana me detengo un minuto.
Cuando ella llega, nos miramos a través de la ventana.
Parece tan encantada conmigo como yo con ella.
Le digo por señas lo mucho que ella me agrada.
Me contesta por señas. No sé si significan lo mismo que las mías, pero intuyo que ella entiende lo que quiero decirle.
Siento que me quedaría un largo rato mirándola y dejándome mirar, pero sé que mi camino continúa…
Me digo que más adelante en el camino, habrá seguramente una puerta y quizás pueda yo cruzar a encontrarme con ella.
Nada da más certeza que el deseo, así que me apuro por encontrar la puerta que imagino.
Empiezo a correr con la vista clavada en el muro.
Un poco más adelante la puerta aparece.
Allí está del otro lado, mi ahora deseada y amada compañera, esperando, esperándome.
Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire.
Me hace una seña como llamándome. Es todo lo que necesito.
Emprendo contra la puerta para reunirme con ella, de su lado del muro.
La puerta es muy estrecha, paso una mano, paso el hombro, hundo un poco la panza, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza pero mi oreja derecha se queda trabada.
Empujo.
No hay caso, no pasa.
Y no puedo usar mi mano para torcerla, porque no podría poner ni un dedo allí…
No hay espacio para pasar con mi oreja, así que, tomo una decisión…
(Porque mi amada está allí, y me espera…).
(Porque es la mujer que siempre soñé y me llama…)
… Saco una navaja de mi bolsillo y de un sólo tajo rápido, me animo a darme un corte en la oreja para que mi cabeza pase por la puerta.
Y tengo éxito, mi cabeza consigue pasar…
Pero después de mi cabeza, veo que es mi hombro el que queda trabado.
La puerta, no tiene la forma de mi cuerpo.
Hago fuerza, pero no hay remedio, mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi otro brazo no pasan…
Ya nada me importa, así que…
Retrocedo, y sin pensar en las consecuencias, tomo envión y fuerzo mi paso por la puerta.
Al hacerlo, el golpe desarticula mi hombro y el brazo queda colgando como sin vida, pero ahora, afortunadamente, en una posición tal que no puedo atravesar la puerta…
Ya casi… casi, estoy del otro lado.
Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar por la hendidura, me doy cuenta de que mi pie derecho se ha quedado enganchado del otro lado.
Por mucho que fuerzo y me esfuerzo, no puedo pasarlo.
No hay caso, la puerta es demasiado angosta para que mi cuerpo entero pase por ella.
Demasiado angosta, no pasan mis dos pies…
No lo dudo. Estoy ya casi al alcance de mi amada.
No puedo echarme atrás… Así que, agarro el hacha, y apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.
Ensangrentado, a los saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada.
Le digo:
- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste, te miré, me enamoré. He pagado todos los costos por ti… Todo vale en la guerra y el amor. No importan los sacrificios… valían la pena si eran para encontrarse contigo… para poder seguir juntos… juntos para siempre…
Ella me mira, se le escapa una mueca y me dice:
- Así no, así no quiero… A mí me gustabas cuando estabas entero.


Fuente: Cuentos para pensar (Jorge Bucay)

sábado, enero 08, 2011

Wall-e & Eva


domingo, diciembre 26, 2010

Largo domingo de noviazgo


















Cuando Mathilde y Manech hicieron el amor la primera vez, Manech se quedó dormido con la mano posada en su pecho. Cada vez que Manech sentía latir su herida, era como sentir el latido del corazón de Mathilde en la palma de su mano, y cada latido la acercaba a él.

lunes, diciembre 20, 2010


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